Mi viaje a la India. Parte 4: Bikaner y Jaisalmer

Ahora volvamos a “la otra India”. Llegué a Bikaner, todavía me sigo preguntando como pero llegué. Primero, por favor, necesito que alguien me explique como es posible que exista algo tan asqueroso como un templo de las ratas. Fui para ver si lo entendía, pero la verdad, no lo entiendo. Cronometrando el tiempo que pase adentro de ese lugar conté 8 minutos (desde la primera foto hasta que saqué la última desde afuera). No fueron menos porque lo intenté con todas mis fuerzas, pero la verdad es una asquerosidad. Y estar descalzo ahí más! Supongo que después de convivir tanto tiempo con los roedores algo bueno deben haberles visto…. o no se. Yo no se los veo.
Para llegar al templo me tomé un tuc tuc (o rickshaw, les dicen de las 2 maneras) porque aunque quedara lejos no quería vivir de nuevo la adrenalina de ir en auto. Así que me vine en tuc tuc…. 1 hora viajando a 20 pero llegué tranquila.
Los científicos españoles me invitaron a venir con ellos y su conductor asignado medio a la fuerza desde Nawalgarh. Viajar en coche en las rutas indias tampoco es para cualquiera. Es algo así como una montaña rusa constante, con colectivos que vienen contramano a toda velocidad y tocan bocina para que te corras (pero no se corren!!!!). Y yo iba en el asiento de adelanteee!!!! Arriba de ese auto ameritaba ir gritando aaaahhhhhhhhjjjjj todo el tiempo como en un juego de Disney. Yo iba muda, me sentía la mujer bomba. Vuelvo a insistir, estos indios son muy espirituales pero manejando están muy mal de la cabeza! No hay mano y contramano y todo se transforma a necesidad del conductor. Obvio que tampoco se usa el guiño (a veces improvisado sacando la mano por la ventana cuando es sumamente necesario), se pasan a toda velocidad en las curvas y todas las peligrosidades que se imaginen. Las vacas deben ser sagradas por varias razones, pero la principal es que ofician de lomas de burro vivientes: se quedan varadas en el medio de la ruta para que los conductores tengan que bajar la velocidad si o si . Para mi que a los indios les dan el registro en los autitos chocadores de la feria. La ruta en obra estaba llena de carteles que decían “Diversion” (que sería desvio en inglés), pero para mi no era nada divertido. Llega un momento en que uno se tiene que enojar, o por lo menos parecer enojada. Sobre todo si en lo que va del camino el chofer ya se chocó a un perro y casi se la da de frente con dos micros. Le digo “Tanquilo. Quiero Llegar” (Take it easy, I want to get there) y se lo digo con mi mejor cara de orto (y los que me conocen saben que esa cara puede llegar a ser muy intensa). Y así es, como 2 horas después, llegamos.

Que buena onda! el dueño del hotel de Bikaner me trajo en su jeep a la estación de tren. Hay una cola como de 20 personas para sacar pasaje pero… tengo trato especial, por mujer y por turista. Al comprar mi ticket en una ventanilla vacía al lado de la cola, al instante se avalanza la mitad de esa cola, plata en mano sobre mi ventanilla salvadora.
Ahora si que puedo decir que me subí a un TREN INDIO… Y ya estoy en el baile! Este tren no es mejor que el Mar del Plata – Buenos Aires… aunque la verdad es que hace mucho que no viajo en ese tren, quien sabe… Lo que si les puedo decir es que este tren no tiene clases. Es para todos lo mismo. Un indio de barba espesa y blanca me mira desde el asiento de al lado. Se que están hablando de mi con el de enfrente, pero no entiendo un carajo. Me limito a sonreirles, digan lo que digan. Dejan de hablar de mi y empieza una charla acerca del celular y la batería que a uno se ve que no le funciona bien… o eso es lo q yo creo. Este tren no es para turistas.
En este tren la película va con sonido real… chucuchucuchucuchucu y la bocina constante del tren de fondo. Me faltaría ver el humito por arriba del tren y estamos, pero soy capaz de imaginarmelo 
Estamos en Malhar??? Se sube una mujer con su familia y se da vuelta para preguntarme algo que termina en Jaisalmer (la ciudad a la que voy). Como me imagino que me pregunto si voy para allá le contesto que si y le sonrio. Le dice algo a su marido bigotudo y deja de prestarme atención.
Cada vez que alguien de nuestro vagón se baja del tren me saluda, con la mano y meneando la cabeza. Los indios en señal de aprobación, buena onda o simplemente para decir que si menean la cabeza como diciendo no! pero distinto… Como las cabecitas de los perritos que algunos taxistas tienen en sus guanteras. Es como haciendo mas o menos con la cabeza.
Ahora si, al que se le ocurra desacreditarme la foto del celular lo desafio a sacar su cámara en Constitución (Cp. Fd.) y después me cuentan. Besos!

Jaisalmer parece salido de una novela histórica. Está en pleno desierto y todo está cubierto de polvo, incluso en las tiendas que venden recuerdos a los turistas. Parece como si nada hubiera sido tocado en mucho tiempo. El pueblo es famoso por su fuerte, que es una especie de mini ciudad de callecitas enrevesadas que suben y bajan. Es medieval pero oriental, mágico y tranquilo. Aparte como hace muchísimo calor y es temporada baja, todos los vendedores están cansados y no quieren practicar ese horrendo deporte del regateo y te tiran el precio más bajo de una. Me viene como anillo al dedo, hasta me compré un candado alucinante todo decorado (y bien pesado para la valija). Me dejo perder y una nena me ubica en mi camino llevándome por un atajo, que va por dentro de la casa de otros! me muero de risa cuando el dueño de casa, que estaba afuera me mira como diciendo “de donde saliste?”.
Jaisalmer también es famosa por sus safaris al desierto, y aunque pensaba no hacerlo (ya que andar en camello no me gusta mucho) me convencieron y me voy a descubrir los tesoros que hay entre la arena. Me toca compartir la excursión con un francés. Me encanta como los franceses dicen “magnifique” cada vez que algo les gusta, le dan un tono glamoroso a todo.
Nos pasan a buscar en jeep y vamos escuchando la radio camino al desierto. La música estaba buena. No era ese tilintilin que me quemaba la cabeza en los buses y las estaciones de tren cual cumbia villera. Nono, esta música era más elaborada, con una linda voz y tambores. Le pregunto al conductor y me dice “es la música de la película Askitu”. No se si se escribía así porque cuando le pedí si me escribía el nombre en mi cuaderno resulta que no había ido a la escuela. Me dio pena haberle pedido que lo escribiera pero no me lo imaginé. Muy canchero me quiso pasar la canción por el bluetooth del teléfono, pero no se pudo así que veremos si después San Google me ayuda a descifrar el misterio de Askitu. Pasamos por un par de ruinas en el desierto y llegamos al medio de la nada donde nos esperaban dos camellos. Vamos despacio, moviéndonos de un lado al otro. Al mediodía paramos a almorzar bajo la sombra de un árbol. Comemos escuchando las campanitas de las cabras que se nos acercan pidiendo comida y gritando con sus ojos saltones, los cuervos sobrevolando y la arena por todos lados. Hola hola coca cola, mira mira casimira… son las únicas palabras en castellano que saben estos muchachos. Pasamos por una aldea olvidable, totalmente afectada por los efectos negativos del turismo y vemos el atardecer entre las dunas para ir a cenar luego a un lugar donde aparentemente va a haber un show musical. La verdad no se como se me ocurrió querer ir a un show de música del Rajasthán. Primero imaginen el sonido máximo que puedan escuchar sus oídos… y después multipliquenlo por tres. Es demasiado intenso! me paro del lugar en el que estoy y voy a la otra punta, atrás de los parlantes. Se me acerca el dueño del lugar y me pregunta porque me levanté. Le digo que porque está demasiado alto. Me mira como a una marciana y me dice “Indians like it loud”. Bueno, pero a mi no.
A veces que lo que te den no sea lo que esperabas no siempre significa que te hayan engañado. Muchas veces es lo mejor que el otro podía darte. Este parece ser el caso. India te enseña cosas todo el tiempo, cosas que seguramente escuchaste o leíste antes, pero que sólo terminas de comprender cuando algo te hace clic en una parte remota del cerebro. Y ahí te cambia el panorama. No te podes enojar con alguien por ser un no-vos. Sería muy egocéntrico. Y sería muy tonto enojarse con un indio por no ver las cosas como un argentino.
Igualmente en el desierto la pasé bien. Creo que ya tuve suficientes experiencias con camellos así que ya lo podemos sacar de la lista pero me divertí!
No me acuerdo su nombre… es muy difícil entender y retener los nombres indios, pero este muchacho de la foto hizo que la pasara bien. En nuestras charlas por el desierto me preguntó miles de cosas entre las cuales quería que le cuente como era la “village” donde yo vivía. Mi intento de explicación no resultó muy bien… Cómo explicarle a un camellero indio, que también era analfabeto y que nunca salió del desierto que cosa es “la ciudad feliz”.
Mientras pensaba que decirle saca un cuaderno donde me muestra como lleva el control de su trabajo. No sabía leer ni escribir pero sí sabía los números… y eso era todo lo que había en su cuaderno. Números por todos lados! Un cuaderno sólo comprensible para su dueño. Estuve flojísima en no sacarle una foto al cuaderno, pero me desencajó la situación. En la última página tenía los números de teléfono de sus amigos camelleros. Mi pregunta obvia fue, como sabes cual es el número de cada uno? A lo que me contestó que no sabía leer pero que tenía muy buena memoria, y se acordaba el orden en que sus amigos le dieron sus teléfonos. Este es de mi amigo tal y este de mi amigo cual… evidentemente a él su sistema le funcionaba bárbaro. Y evidentemente todos tenemos diferentes sistemas y diferentes formas de ver los sistemas de los demás.

MI VIAJE A LA INDIA. TERCERA PARTE: NAWALGARH Y LA REGIÓN DE SHEKAWATI

Y después de Jaipur llega mi primer viaje en bus. Me voy hacia Nawalgargh en un micro lleno de Indios cuyo aire acondicionado es nada más y nada menos que la ventanilla abierta de par en par. Yo sentada. Gente en el pasillo. Gente en el techo. Está de más aclarar que soy la única que “no es de acá”. Voy mirando por la ventana el campo que pasa a toda velocidad. El paisaje va cambiando, vamos dejando la basura atrás y mi cara se va llenando de polvo mientras siente el viento. Esto es la felicidad plena. Alguien me avisa que llegué. Soy la única que se baja acá… y no hay estación de bus! Me bajo como puedo del micro en una rotonda. Y ahora? a lo lejos veo un par de Rickshaw. Estoy feliz! este lugar es lindo y la gente muy amigable. Lo más parecido que conozco sería el norte argentino. Quedaron atrás los acosos y me siento cómoda en este pueblito perdido de la región de Shekhawati. La habitación en la que me hospedo es una obra de arte, llena de pinturas en sus paredes. No wifi. No Mc Donalds. Nada que se parezca a un restaurant frente a mis ojos. Me veo obligada a entregarme a las manos mágicas de Sarla, la mujer de Rajesh, dueños de la haveli donde estoy parando… y lo bien que hago! Esta mujer cocina como los dioses. Prepara una comida casera exquisita y bien llego me sirve un arroz amarillo fluo con papa, tomate, maní y lima. Yogurt al costado. apenas picante allá a lo lejos. Me voy a dar una vuelta por el pueblo. Esto es!!. Inocencia. India en estado puro. Nadie me pidió una rupia por una foto. Nadie quiso engañarme. Las bocinas ya no se escuchan. Sólo se usan cuando es necesario. Se escuchan los pájaros y las ardillas, y hasta las pisadas de las lagartijas en la pared. Este es el lugar por donde uno debería empezar la recorrida por India… Nawalgarh y sobre todo este pequeño hotel de 8 habitaciones, son un pequeño oasis en medio del desierto, en medio de mi viaje. Este lugar me tiene incomunicada y feliz. Es real. Será que por acá no vienen muchos turistas. Decidí quedarme al menos 3 dias.

Nawalgarh, segundo día. Mientras desayuno escucho un grupo de personas que pasan entonando algo parecido a una canción, como si fueran soldados marchando al son de una melodía. Nada para comprar, mucho para ver, empiezo el día con una sonrisa gigante sentada en el asiento del acompañante del auto de Rajesh. Acá me anime a todo. Probar el té chai (antes no lo había hecho por su dudosa procedencia), comer en la calle (en un lugar con dudosa posibilidad de habilitación en cualquier parte del mundo) y tomar agua que no fuera embotellada. No crean que estoy desafiando al destino, simplemente no me quedo otra! El té chai es muy distinto a la versión occidental que había probado. En India el té chai SIEMPRE lleva leche. Y es riquísimo! Mientras veo pasar 80 millones de fotos por segundo Rajesh va en silencio. Su silencio me gusta, no me resulta incómodo. Estoy en mi mundo indio. Y ahora si lo estoy disfrutando sin ningún miedo. Recorrimos los pueblitos de la zona y el campo. Tan chiquito, tan chiquito es este lugar que sólo fuimos 5 turistas en 3 días: una pareja de franceses que se quedaron sólo una noche, una pareja de científicos españoles bastante asustados y yo, que fui usada de referencia ante ambas parejas por el guía de una de las havelis locales (los franceses y los españoles ya conocían a “la argentina” antes de verme). Havelis son antiguas mansiones abandonadas. Los españoles estaban asustados por algo que se ve que le pasa a muchos al llegar a la India. En Delhi, y en todos los sucesivos destinos a los que se presenten, les van a ofrecer un servicio de taxi para recorrer la región del Rajasthán. Les van a meter todo tipo de excusas y van a tratar de convencerlos y asustarlos diciendo que recorrer esta zona es peligroso, que no se consiguen tickets para el tren, que los buses no se cuanto. Por favor no caigan. Yo no caí pero vi caer a varios y mi camino recién empieza. Por suerte mi cabezadurez me sirvió una vez en la vida!

En Nawalgarh aparte de relajarme aprendí muchas cosas. Una de las cosas es que los dioses también descansan. Aparentemente esta es la época del año en que lo hacen, y sobre todo a la hora de la siesta: “Los dioses están durmiendo”, me dice un hindú en la puerta del templo.

También aprendí los colores: Pila es amarillo, Jara es verde y Lal es rojo. Thulsi es una planta sagrada y medicinal que está en un recipiente en todos los templos y cuando van a rezar después de tocar la campana (para avisarle al dios en cuestión acá estoy!!) agarran un pedacito y la comen. También te ofrecen, pero yo no me voy a comer un pedacito de hoja que tiene las huellas digitales de otra persona… o por lo menos, no en este viaje. Estoy hablando de los templos hindúes, los musulmanes en este momento están muy ocupados con el Ramadán. Las religiones conviven, sin conflictos, aunque se puede ver las diferentes personalidades a nivel general con respecto a las diferentes creencias.

También me está quedando claro que esa sensación de que alguien me cuida y me protege es algo más que sólo una sensación. En un pueblo como este aparentemente es común que los demás te señalen el camino de vuelta si te perdés (como me pasó), sin pedirlo y aunque no nos entendamos una palabra. Nadie te entiende pero todos te entienden. Otra cosa evidente es que hay formas de comunicarse que exceden el lenguaje (y ya lo sabía, pero lo estoy viviendo día a día intensamente). En India tener las antenas paradas y ser intuitivo es muy importante. Pude reflexionar acerca del miedo. El miedo no me gusta. Ni en mi, ni en los demás. Sigo viaje todavía más valiente, pero con las antenas bien paradas.

MI VIAJE A LA INDIA. SEGUNDA PARTE: JAIPUR

22 de julio. Agra – Jaipur

Como llegué a Jaipur:

Me doy cuenta que soy malísima negociando. En definitiva me da lo mismo pagar 80 en vez de 60 rupias si un indio está mas feliz (10 rupias son aprox. 1 peso argentino). El que es más feliz es el conductor del rikshaw que me lleva a la estación de tren. Llego a la estación y enseguida subo al tren. Veo llover por la ventana y tengo mucho sueño. Hoy fue un día largo, me desperté 4:30 y no paré. Que lindas son las gotas en los vidrios. Son románticas, misteriosas y deforman lo que se ve atrás. Lo transforman en una acuarela. Hoy la película del tren fue distinta. Mucho campo. Menos basura, y hasta me animé a comer un poquito! Me tomé un té con unas muy occidentales galletitas y comí un pedazo de una especie de empanada que ahora no me acuerdo el nombre. Too much picante!!!! me bajé un litro de agua! Llego a Jaipur. Ya estoy en Rajasthán!!!! Felicidad! Había leído que Jaipur es intensa, así que llego y me subo a un pre paid rikshaw. No se si es más seguro pero se siente más seguro y eso es lo que cuenta. Por milésima vez escucho la pregunta “de donde sos?”. Argentina. Pero esta vez la respuesta es diferente. No me dijo Buenos Aires. No Messi. No Maradona. El chofer se da vuelta (deja de mirar para adelante!!!!!! miedooo!!!) y me dice:

“South américa. WAKA! WAKA!”.

No pude evitar la carcajada, ya me cayó bien!!!

23 de julio. Jaipur.

El día de hoy fue inmensamente largo. Tuve chofer. Subí a un Fuerte. Vi un Palacio en el agua. Me fui de compras. Salí de noche por primera vez y fui un rato al cine (si, sólo un rato, que se piensan? que me iba a comer una película en indio entera?). El maldito mono no me podía ganar y quería ir al templo de los monos a reivindicarme ante tan pequeños seres bananeros. Como alguien que se saca los piojos con la mano me va a pegar semejante susto? Pero bueno, como cualquier plan que hagas en India te lo cambian por otro, eso fue lo que pasó. El sr. Waka Waka de ayer, el conductor del Rickshaw o Tuc Tuc, o como quieran llamarlo me ofreció hacerme de chofer durante todo el día por el equivalente a 50 pesos argentinos. Ya fue, era una buena oferta. No sabía que me iba a terminar comprando un elefante (en una colcha pero da igual), lo iba a acompañar al mecánico porque primero pincho la goma y después se rompieron los frenos (miedo de nuevo!), y iba a empezar a interactuar con otros turistas con informaciones valiosas. Lo último que hice en el día fue lo que quería hacer primero: ir a sacarles fotos a los malditos monos!. En el Fuerte Amber conocí a una chica de Irlanda con la que salí de noche por primera vez. Hasta el momento era como vampiro pero al revés, no podía oscurecer que yo ya tenía que estar en el hotel para que no pasara nada raro. Bueno, hoy salí a la aventura de una cena (PICANTE!!!) y después fui a hacerme la socióloga un rato al cine. Los indios son mundiales hasta en el cine. Enorme cine si los hay, hablan por teléfono y vitorean cada vez q sale por primera vez un actor a la pantalla. La calidad de la película buenísima, hasta era divertida y x ratos una comedia musical tilintilin y me hubiera quedado a toda la función si no me hubieran despertado los malditos rezos de la salida del sol. Eso si, en la película todo estaba limpio y ordenado…. serán así todas? Me pareció muy loco semejante peliculón al estilo hollywood pero bollywood…. tanta pobreza por un lado, tanto dinero en una película por otro. Quien sabe. También hice 2 cosas de turista tipo: me pinté la mano con Henna y anduve un ratito en elefante. Sólo un ratito porque la verdad que es aburridísimo, lo único bueno es el punto de vista para hacer fotos, si no es por eso, no creo q valga la pena q se repita. Son más divertidos otros medios de locomoción. Un indio en un momento se me acerca y me dice medio en forma de reto: “las mujeres del Rajasthán se pintan la mano con henna sólo en ocasiones especiales”. Yo le contesté: Para mi esta es una ocasión especial, no todos los días vengo a India. Ahora si me voy a dormir! Bye bye

Maharaja Sawai Mansingh II

Gatore Ki Chhatriyan:

Fuerte Amber:

Hombre bordando un traje típico de boda para hombre:
Trabajadores haciendo alfombras:Elefante:

Vistas de la “Ciudad Rosa”:

En el “templo de los monos” o Templo del Dios Sol (Galta):

24 de julio. Jaipur.

Llegó la hora del rezo y ya estoy en el hotel. En India los minutos son diferentes. En todo sentido, el literal y el otro. India es uno de los 2 países del mundo que no respeta los minutos internacionales. Acá son las 19:32 y en Argentina las 11:05. Ni el tiempo está ordenado. Hoy mi día en el espacio exterior fue más corto. Necesitaba tomarme el día con más calma, sentirme un poquito occidental, bajar un poco el ritmo y afuera es medio DIFÍCIL. Igual no se preocupen, obvio que salí! Para evitar el acoso (casi imposible) lo que hice fue llamarme al silencio y caminar sin tomarme ningún medio de locomoción que no fueran mis dos pies. Pobres pies, así quedaron. Necesitaba dejar de contestar a las mismas preguntas de forma automática. De donde sos. Como te llamas. blablabla. Entonces que hice…. no contesté! Otra de las preguntas que no dejan de hacerte en la India es ?cuanto tiempo en India? Y seguido de mi respuesta (un mes) todos me responden igual: Poco tiempo para India! mmmm….. no se si es poco tiempo para India…

La verdad es que India es agotador. No es para cualquiera! Me levanté mucho más tarde (a las 8:30) y me quedé en el hotel hasta que tuve ganas de salir. Hoy, particularmente, hizo más calor que todos los días anteriores juntos. Eso sería MUCHÍSIMO CALOR. Tanto que el agua que llevé a mi caminata se convirtió en un té sin saquito a las 7 cuadras. Fui saltando de aire acondicionado en aire acondicionado todo lo que pude, y sobreviví a varios cruces de calle.

Un consejo: La mejor opción a la hora de tener que cruzar la calle en India es hacerlo junto a una vaca! A la vaca seguro que no la pisan.

Lo importante es que llegué. Hoy visité la zona de los Bazares de Jaipur y la ciudad vieja. No lleve la cámara, lo siento, se tendrán que conformar con una foto del celu. Algo gracioso que noté por la calle es que en vez de hacerles bigotes a los carteles lo que hacen es dibujarles el tercer ojo! Adaptación local de la broma. También fui al Hawa Mahal, lugar donde el Marajá le permitía a su harén contemplar el mundo exterior. Me quedé un rato ahí adentro xq estaba fresquito. Mirando x las ventanillas con espejos de colores India se ve un poco distinta…. el marajá les ofrecía a sus mujeres una visión de espejitos de colores, repito…. mmm…. Aunque estoy en el futuro (temporalmente hablando) este lugar es lo que más se parece a mi idea de lo que fue la Edad Media. India es un poco como ver una película futurista de 1980 pero hoy. Y otra cosa, a ver quien me lo explica…. que es eso de mostrar la panza pero que no se puedan ver los hombros?

 

 

 

 

MI VIAJE A LA INDIA. PRIMERA PARTE: NUEVA DELHI Y AGRA

19 de julio. Nueva Delhi. Llegada. INDIA ES UN QUILOMBO – No es sólo una mezcla de contrastes (entre el olor a podrido y el olor a sahumerio y especias, entre los colores brillantes y la basura x todos lados, entre la inocencia y todo lo contrario) también es un caos para los sentidos… Y ni te cuento cuando si te subís a un rickshaw después de superar la barrera del miedo para atravesar la puerta del hotel a la calle. Vacas. Miradas penetrantes q pareciera q te ven Fluo (pobres las rubias sajonas, si me miran así a mi q les quedará!). Autos en todas direcciones. Amontonamiento. Mucho. Tratar de encontrar un auto q no esté rayado es imposible. La bocina permanente de música de fondo. Almorzar algo q todavía no se q fue y me pico hasta el alma. Dejar de contestar de donde sos y como te llamas se torna necesario. Tengo los ojos agotados de tanto ver, y eso q salí en recorrida de reconocimiento sin la cámara. Ahora a descansar en una cama de verdad después de q la última vez q dormí en una fue el 16 de julio. Se me cierran los o… Zzzz

20 de julio. Nueva Delhi.

Todo empezó así: yo quería ir a un lugar y me llevaron a otro. Aparentemente India también quiere enseñarme eso de la entrega. Y con lo que me cuesta igual me deje, total no hay absolutamente nada en particular que quiera ver, sino que quiero conocer que es India. Después del día que tuve hoy se que puedo decir Qué es Delhi y que pasa cuando llega el monzón…. si, es época de lluvias. Bueno, mi taxista quería ir a rezar, y quería ir con su “amigo” así que me llevaron a su templo. Y bueno, fui. Después y recién después me llevaron a donde yo quería ir, el Fuerte Rojo, lugar bastante menos interesante. Después se largó la lluvia más increíble del planeta. Y ellos decidieron que se iban a comer con sus amigos (ya que no podían venderme nada de lo que pretendían) y me dejaron en el centro de Delhi abajo de la lluvia. Entonces decidí que basta de taxis por el día de hoy, son agotadores. Me tomé el metro hasta la estación más cercana a donde quería ir y la lluvia era más intensa todavía. Ahí conocí a una pareja de recién casados que me salvaron el día. Estuvimos charlando bastante antes de intentar llegar a la tumba de nosequién, porque oh casualidad ellos iban al mismo lugar. No llegamos, estaba todo inundado y pase por lugares que no se pueden imaginar con el agua hasta las rodillas. Está de más decir que a esta altura no tenía nada de mi ser seco. Cambiamos de plan y nos subimos en colectivo, que ya de por si fue una linda experiencia y me relajé. Eran hindúes y me llevaron a Swaminarayan Akshardham. No se puede sacar fotos ahí pero vale la pena googlearlo, es el lugar más lindo que vi, con tallas de mármol y elefantes de piedra por todos lados. IN CRE I BLE. Obviamente dejó de llover en cuanto llegué al hotel! ja

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Así es como te miran los indues, o sea, el tipo está manejando y llueve, y me mira a mi!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Templo de Hanuman (dios Mono) al que me llevaron:

Fuerte Rojo:

Algunas fotos en el colectivo:

21 de julio. Delhi – Agra

Hoy viaje en tren por primera vez en India. De Delhi a Agra. Para inquietar a mi madre no lo hice en la clase más cara, ni en la segunda, sino en la tercera. Es mentira Ma, no es para inquietarte, es xq no conseguí otra cosa y me quería ir de Delhi ya! Igualmente hay muchas más clases para abajo, tranquila! jajaja Bueno, pero lo del tren después les cuento porque esto es más interesante. Llegué a Agra, y quien me cree si les digo que dejé el Taj Majal para el otro día? Obvio que no. Llegué, dejé las cosas en el hotel y me fui. La elección del hotel fue así. Hay 2 opciones: 1. Mejor hotel pero más lejos del Taj Majal o bien, hotel re pedorro pero con terraza con vista a 1 cuadra del Taj Majal. Adivinen mirando la foto cual elegí? No te preocupes mamá, tiene aire acondicionado (o algo así). Entro al Taj Majal. Los indios me siguen mirando, pero esta vez estoy en un pueblo. La gente es más amigable y vienen de toda India a ver el monumento al amor más grande del mundo. Todos sonríen y siguen mirando. Hasta que de repente uno me pide si se puede sacar una foto conmigo. Conmigo??!!!!! Fue el primero pero no el último. Me saqué fotos con mujeres con saris, abuelas y hombres de diferentes edades. Me convirtieron en un objeto exótico!!! Y yo me dejé, obviamente pidiéndoles que si yo me saco vos te sacás. Yo quedo en tu cámara y vos en la mia. Y los indios no son como en otras partes en las que estuve, les encanta que les pidas una foto, les encanta que los elijas para retratar, les encanta ser diferentes y exóticos (a mis ojos claro, sino sería a la inversa). Y a medida que fue pasando la tarde hasta me senté a charlar con varios. No cazo nada de lo que me dicen, el inglés que hablan no es inglés, pero entre señas y sonrisas nos entendemos bárbaro. En un momento “charlaba” sentada en el piso con 2 mujeres y 2 hombres de Rajasthan y a varios les empezó a parecer curioso, entonces se quedaban parados a nuestro lado mirándome y escuchando. De repente ya eran 30, y vino un guardia a dispersarlos. No me molestan! le dije al guardia. Esto es otra India. Varios me dieron el mail para que les mande las fotos que les saqué y me invitaron a sus casas y pueblos. La visita a Agra me cambió la India, parece ser un país al que no le gustan las definiciones  Se van a tener que conformar con una foto del celu xq como ya dije, el hotel es pedorro y internet un lujo. Besos!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

21 de julio. Agra.

Mientras me recupero un poco del calor (el ventilador de mi habitación sólo funciona cuando tengo la luz prendida y siento que estoy en un sauna permanente) y antes de entrar a darme una ducha fría (total la caliente no anda y fría del todo no sale) subo una fotito antes de partir. Es la única foto que saqué en el tren con mi cámara, el resto las saqué con el celular, pero la cara de este muchacho me hizo sacarle el candado a mi bolso de mano para hacer clic. Y bueno, de paso les cuento del tren. Imagínense mucho calor y muy sucio. Bueno, más!!! mucho más!! Una nena meando como si fuera un chico, de cuclillas y con un chorrito como si fuera una fuente que sube y cae en picada hacia las vías del tren. Un liciado sobre una madera con 4 rueditas que se arrastra usando su mano y una ojota como guante. Una especie de gitana india que me dice algo que obviamente no entiendo. Hombres con algo así como cascabeles hechos de los “cositos” de los cierres de las valijas. Me ofrecen cuando pasan, creo… xq tampoco los entiendo. Arreglarán los cierres de las valijas con eso? Pasan cansados, derrotados, escuchan un no antes que se los digas. Me subo al tren, la clase que pude conseguir (fue toda una osadía que me agota hasta recordar). El aire acondicionado que figura en el ticket es un ventilador chiquito en el techo. Me siento, en la ventana más grande. Hombres. Equipaje. Mucho equipaje. Veo a otra mujer!!! Que alivio! se sienta enfrente mío. Mientras escribo todos me miran… yo miro por la ventana, o eso es lo que ellos creen. Estoy en guardia, probablemente innecesariamente, pero bueno, así, atenta. Mirar por la ventana del tren es como una película con el sonido cambiado. No muda porque escucho el tilitilin de sus conversaciones y el sonido del ventilador. Sonidos que no pegan con lo que veo. Mucha basura. Mucha. Muchísima. Montañas de basura. Pobreza, o cuestión cultural? Acá no se usan los tachos, todo va al piso. Niños en lugares inimaginables (vi uno por ejemplo, acostado plácidamente en las vigas de un puente). Hombres trabajando con musculosas que algún día fueron blancas. Mujeres en sari atravesando montañas de basura. No se porque tengo la impresión de que todos los indios se conocen entre sí. En el tren se cambian de lugar, hablan, vuelven a cambiarse de lugar. Algunos leen. Otros cargan el celular (hay enchufe para eso en el tren). El ventilador hace que me ponga un abrigo. Al final este tren es mejor que el Mar del Plata – Buenos Aires!! y estoy en tercera! Entiendo porque están todo el día descalzos, ya fue, me saco las ojotas. Sigo mirando: gente que vive en carpas. Muchas carpas. Cerdos jugando en el barro (es real!). Chicos bañandose en una canilla al aire libre. Jugando. Son 5. Pasa uno vendiendo “cofi” pasa otro quejándose “chaichai”. Aparece el sr. que trae el almuerzo. Olvidate! no voy a comer ni ir al baño en el tren. Me quedo quietita en mi lugar. Hay mucha información pasando. Como será para un indio viajar a nuestro país? o a cualquier otro? No me lo puedo imaginar, y me pongo a mirar a nuestro amigo de la foto. No me aguanto, tengo que sacar la cámara. Y encima que me da la foto me dice “Gracias”. Gracias a vos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

22 de julio. Agra.

Do you also feel the hot?? me preguntó una india en el Taj Majal, con la cara más inocente del mundo y sincera curiosidad. Fue casi casi lo mismo que preguntarme si también iba al baño. No paro de sorprenderme. Ayer fui al Taj por la tarde, y hoy fui al amanecer. Ayer estaba lleno de gente, hoy pocos caminaban por ahí a la hora que llegué: 6 a.m. Ayer hice la del turista tipo: me puse esa especie de guantes en los pies que te dan con la entrada sin sacarme las ojotas. Hoy decidí que quería pisar el mármol del piso del Taj con mis pies (Está de más decir que el pie de la foto no es mío, no?). Debe haber un misterio en eso de entrar descalzo, pensé. También pensé que si piso mierda de paloma pisar mierda trae buena suerte, y considerando que es casi imposible permanecer limpio en este país más de 15 minutos después del baño decidí que no me iba a afectar mucho. Pisar el mármol con los pies desnudos no sólo facilita la conexión de uno con donde está, también es prácticamente útil!!! Porque el mármol está fresquito!!!!! Eureka!!! y con el calor de cagarse que hace eso es algo bueno, refrescante. También hoy por la mañana aprendí que los monos no son nada amistosos y que no les gustan las fotos. A pesar de los carteles de “Please be quiet” no pude evitar gritar y salir corriendo cuando uno se me tiró encima cuando le sacaba una foto. Obviamente la foto no salió bien! ja. Yo ojo en el visor y el mono de repente saltando hacia mi. Por suerte corro más rápido que los monos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“El descubrimiento de América”  de hoy  fue contratar un taxi con aire acondicionado para mi solita y que me lleve a Fatehpur Sikri. Estoy segura que fue mucho más barato que un tour y no me tengo que bancar que me traten como a una oveja. Una ganga. Como odio a los guías de turismo y encima tengo que escuchar el versito en inglés eludí a todo aquel que me quiso vender algo…. y me encuentro con algo nuevo. Lo había sufrido en otro viaje pero acá es peor: los niños vendedores. Son tantos comparados con los turistas que al menos se te asigna uno y te hace marca personal durante todo el recorrido. Intenté todo, desde la ignorancia hasta explicarle que no necesitaba nada. Nada funcionó. Decirle que no a un niño es difícil, pero hay algo aún peor: decirle que si. Si lo haces, olvidate de estar tranquilo hasta llegar al hotel. Una orda te perseguirá hasta el final de los días, xq si compraste uno sos una presa posible… podes volver a ceder! Por suerte sólo vi que le pasara a otro. Fatehpur Sikri fue una ciudad, hoy fantasma. No les voy a poner una foto al mejor estilo postal. Mejor les dejo una foto de este aparato de 74 años que encontré adentro. Al lado está la mezquita de Jama Masjid, donde parece q entras a un mundo de leprosos. Paseo totalmente evitable y sucio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo interesante de ir en Taxi hasta Fatehpur Sikri también fue el camino. Recorrimos 40 minutos de la “India rural”, y lo pongo entre comillas porque para mi toda India es medio rural… Hello!! hay vacas en el medio de la avenida y monos en las ciudades! Algo de lo que vi por el camino y me llamo la atención fue esto que ven en la foto. Lo que parece una especie de bocinas gigantes resulta que son equipos de sonido para bodas. Evidentemente hay un estilo indio que se traslada a todo. Estos si que son parlantes con onda, el sonido, quien sabe.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Me doy cuenta que soy malísima negociando. En definitiva me da lo mismo pagar 80 en vez de 60 rupias si un indio está mas feliz (10 rupias son aprox. 1 peso argentino). El que es más feliz es el conductor del rikshaw que me lleva a la estación de tren. Llego a la estación y enseguida subo al tren. Veo llover por la ventana y tengo mucho sueño. Hoy fue un día largo, me desperté 4:30 y no paré. Que lindas son las gotas en los vidrios. Son románticas, misteriosas y deforman lo que se ve atrás. Lo transforman en una acuarela. Hoy la película del tren fue distinta. Mucho campo. Menos basura, y hasta me animé a comer un poquito! Me tomé un té con unas muy occidentales galletitas y comí un pedazo de una especie de empanada que ahora no me acuerdo el nombre. Too much picante!!!! me bajé un litro de agua! Llego a Jaipur. Ya estoy en Rajasthán!!!! Felicidad! Había leído que Jaipur es intensa, así que llego y me subo a un pre paid rikshaw. No se si es más seguro pero se siente más seguro y eso es lo que cuenta. Por milésima vez escucho la pregunta “de donde sos?”. Argentina. Pero esta vez la respuesta es diferente. No me dijo Buenos Aires. No Messi. No Maradona. El chofer se da vuelta (deja de mirar para adelante!!!!!! miedooo!!!) y me dice:
“South américa. WAKA! WAKA!”.
No pude evitar la carcajada, ya me cayó bien!!!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el Taj Majal:


Camino al hotel:

Desde la terraza del hotel al atardecer:
Intercambio cultural

Jama Masjid:
Fatehpur Sikri:Camino de vuelta a Agra:
 

 

 

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